Harry se sentó en el extremo de la cama mientras esperaba a que me duchara y cambiara en el baño. Decidí ponerme unos pantalones cortos y camiseta, el calor hacía casi imposible usar otra cosa. Recogí mi pelo largo antes de atarlo y apartarlo de mi cara.
"Sabes que todavía no me importa si te cambias aquí." Escuché la voz ronca de Harry a través de la puerta.
"Prefiero hacerlo sola." Respondí.
Le oí reír.
"Oh, vamos, Bo. Ya he visto desnuda”.
Me sonrojé ante sus palabras, no había manera de que me olvidara de eso. A mi mente se le hacía difícil pensar en otra cosa, la forma en que sus grandes manos me tocaban. Sus dedos, sus labios, su lengua. Nunca había experimentado nada tan abrumador como esa noche. Fui sacada de mis pensamientos por un golpe en la puerta.
"Booo." Habló Harry a través de la madera.
Abrí la puerta para encontrar a Harry apoyado contra el marco. Una sonrisa estampada en su hermoso rostro, rizos oscuros dejándose caer sobre su frente y sus ojos verdes escaneándome de arriba abajo.
"Mierda, tienes la ropa puesta.", Bromeó.
Aparté la mirada de él, terminando mi pelo en el espejo cuando sentí sus cálidas manos en mis caderas detrás de mí. Sus largos dedos empujaron mi camiseta un poco, las puntas de sus dedos rozando mi piel hormigueante.
"Pero siempre podemos cambiar eso.", Susurró.
La risa profunda Harry llenó la habitación mientras yo alejaba sus manos.
"Vamos." Lo llevé fuera del baño.
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